Las Casas Baratas de El Coto, un emblemático conjunto de viviendas en Gijón, celebran este año su centenario. Desde su construcción en 1926, estas casas han sido un símbolo de la lucha por la vivienda digna y un hogar para muchas familias. Este artículo explora la historia, la comunidad y el legado de estas viviendas que, a pesar del paso del tiempo, continúan siendo un lugar de orgullo para sus residentes.
### Un Proyecto Pionero en la Historia de Gijón
La historia de las Casas Baratas de El Coto se remonta a 1926, cuando se iniciaron los expedientes para su construcción. En un contexto de crisis económica y social, el Ayuntamiento de Gijón decidió emprender un proyecto que buscaba proporcionar viviendas asequibles a la clase obrera. La iniciativa se enmarca dentro de una ley de 1924 que permitía a los municipios construir este tipo de edificaciones, y fue impulsada por el arquitecto Miguel García de la Cruz.
La Colonia Albéniz, donde se ubican estas casas, fue diseñada para albergar a obreros municipales y otros trabajadores que necesitaban un hogar. A pesar de su nombre, las casas no eran tan «baratas» como se podría pensar; la renta mensual era de 50 pesetas, una suma considerable en una época en la que los jornales apenas alcanzaban las 10 pesetas diarias. Las viviendas estaban diseñadas con diferentes distribuciones, incluyendo vestíbulo, dormitorio, comedor, cocina y baño, lo que las hacía funcionales y cómodas para las familias que las habitaban.
Marcos Costales, uno de los actuales residentes, comparte que su bisabuelo fue uno de los primeros en habitar estas casas. La historia familiar está profundamente entrelazada con la de las Casas Baratas, y muchos vecinos han heredado estas viviendas, lo que ha contribuido a crear un sentido de comunidad y pertenencia. «Saqué libros de la biblioteca para informarme sobre la historia de mi casa», comenta Costales, quien vive allí con su esposa e hijo.
### Una Comunidad que Perdura
A lo largo de los años, las Casas Baratas de El Coto han evolucionado, pero el espíritu comunitario que las caracteriza se ha mantenido intacto. Los residentes actuales, como Arsenio Díaz y Josefina Sierra, destacan la importancia de la convivencia y el apoyo mutuo entre vecinos. «Si pasaba algo, picábamos al timbre de la otra; todos éramos uno», recuerda Sierra, quien ha vivido en la comunidad toda su vida.
La pandemia de COVID-19 puso a prueba esta comunidad, pero también la fortaleció. Durante el confinamiento, muchos vecinos encontraron en sus jardines un espacio para respirar aire fresco y mantenerse conectados. La creación de un grupo de WhatsApp ha facilitado la comunicación entre los residentes, permitiéndoles discutir temas de interés común, como la seguridad y la iluminación del barrio.
A pesar de los cambios en la sociedad y en el entorno, los vecinos de El Coto continúan organizando actividades conjuntas, como decoraciones navideñas y celebraciones locales. Este sentido de unidad es palpable, y muchos residentes se consideran más que simples vecinos; se ven como una gran familia. La nostalgia por tiempos pasados se mezcla con la esperanza de un futuro en el que la comunidad siga prosperando.
Sin embargo, no todo es perfecto. Los residentes han expresado su preocupación por la seguridad en la zona, especialmente tras incidentes de robos. La necesidad de mayor vigilancia y accesibilidad es un tema recurrente en las conversaciones entre vecinos. A pesar de estos desafíos, el amor por su hogar y la comunidad prevalece.
Las Casas Baratas de El Coto no solo representan un modelo de vivienda social, sino que también son un testimonio de la resiliencia de sus habitantes. A medida que se acerca el centenario de su construcción, los residentes celebran no solo la historia de sus casas, sino también la historia de su comunidad, que ha sabido adaptarse y mantenerse unida a lo largo de los años. La herencia de estas viviendas sigue viva, y su legado perdurará en las generaciones futuras que continúen habitándolas.