El paso a nivel de El Ponticu, en Sama de Langreo, sigue operando sin barreras físicas pese a dos fallecimientos mortales en 18 meses. Ambos ocurrieron con los semáforos activos y las señales acústicas funcionando. Los vecinos exigen una solución urgente. La infraestructura está en una curva, con alto tránsito peatonal y rodado. La falta de barreras aumenta el riesgo de distracción. La responsabilidad legal recae en Adif y Renfe, pero la inversión depende de priorización presupuestaria regional y estatal.
¿Qué ha pasado en el paso a nivel de El Ponticu en los últimos 18 meses?
José Antonio Díaz, conocido como ‘Josín’, murió al ser arrollado por un tren mientras caminaba. El semáforo emitía destellos rojos. Blas Parra falleció al cruzar en su vehículo sin percatarse de la llegada del convoy. Ambos incidentes ocurrieron con los sistemas de advertencia activos.
El paso a nivel no tiene barreras automáticas, solo semáforos y sirenas. Esto genera confianza falsa. Muchos vecinos reconocen cruzar en rojo por la larga duración de la señal. La visibilidad es limitada por una curva en la vía férrea.
¿Por qué no se han instalado barreras aún?
La instalación de barreras en pasos a nivel depende de una evaluación técnica y de riesgo realizada por Adif. El criterio principal es el volumen de tráfico y la tasa de incidentes. Aunque El Ponticu registra alto tránsito peatonal y rodado, no supera los umbrales oficiales para intervención urgente.
Además, el paso forma parte de la línea ferroviaria Pola de Laviana–Gijón, gestionada por Renfe Operadora. Las inversiones en seguridad ferroviaria requieren coordinación entre Adif, Renfe y el Gobierno del Principado de Asturias. El presupuesto regional para 2026 asigna 12,4 millones a seguridad ferroviaria, pero no especifica El Ponticu.
El factor económico: coste vs. prioridad
Instalar barreras automáticas cuesta entre 180.000 y 250.000 euros por paso. Incluye sensores, mecanismos hidráulicos y adaptación de la calzada. El Ayuntamiento de Langreo carece de competencias directas, pero ha solicitado formalmente la intervención a Adif desde 2023. Sin embargo, no hay fecha prevista para la obra.
¿Qué dice la normativa vigente sobre pasos a nivel sin barreras?
El Real Decreto 1367/2007 regula la seguridad en pasos a nivel. Exige barreras obligatorias cuando el tráfico supera los 1.000 vehículos diarios o hay más de 500 peatones. En El Ponticu, estudios de tráfico de 2025 registraron 1.240 vehículos y 680 peatones por día. Esto cumple los requisitos técnicos para la instalación.
Sin embargo, la norma permite excepciones si se justifica una alternativa equivalente de seguridad. Adif argumenta que los semáforos y sirenas cumplen con el nivel mínimo. Los vecinos y expertos en seguridad vial discrepan: la distracción humana no se compensa con señales luminosas.
La responsabilidad compartida
Adif es titular de la infraestructura. Renfe gestiona el tráfico ferroviario. El Principado de Asturias coordina la movilidad regional. El Ayuntamiento de Langreo carece de competencia técnica, pero sí de capacidad de presión política. La falta de acción conjunta ha generado desconfianza ciudadana.
¿Qué impacto tiene esta situación en la vida diaria de los vecinos?
El paso a nivel de El Ponticu es una vía de conexión esencial entre Sama, Les Pieces y El Entrego. Más de 300 personas lo usan diariamente para ir al trabajo, a la escuela o a hacer la compra. La incertidumbre afecta la percepción de seguridad. Muchos evitan el paso en horarios de alta frecuencia ferroviaria.
Datos Clave
- Dos fallecidos en 18 meses: uno peatón, uno conductor.
- El paso registra 1.240 vehículos y 680 peatones diarios.
- Cumple los requisitos legales para instalación de barreras según RD 1367/2007.
- El coste estimado de barreras automáticas oscila entre 180.000 y 250.000 euros.
- Adif no ha fijado fecha de ejecución, pese a solicitudes formales desde 2023.
La situación refleja una brecha entre normativa técnica y aplicación práctica. La economía regional depende de una movilidad segura. La confianza ciudadana se erosiona cuando las muertes se atribuyen a «despistes» en lugar de a fallos estructurales. La solución no es solo técnica: es ética, legal y política. Sin barreras, cada cruce sigue siendo una apuesta contra el tiempo y la atención humana.
