Arcelor inicia hoy el arranque del horno alto ‘B’ en su planta de Gijón, tras ocho meses de inactividad y una reparación crítica. El proceso, que incluye una curva de puesta en marcha de 10 días, apunta a alcanzar pleno rendimiento a principios de junio. Esto ocurre en un momento clave: justo antes de que entre en vigor el nuevo régimen de salvaguardia siderúrgica europea y la fase plena del CBAM.
¿Por qué se paró el horno alto ‘B’ y qué falló en su reactivación?
El horno alto ‘B’ se detuvo en septiembre de 2025 durante un mantenimiento programado, con el objetivo de prepararlo para operar de forma independiente. La planta necesitaba garantizar continuidad si el horno ‘A’ —al final de su vida útil— se apagaba definitivamente.
Sin embargo, al intentar reactivarlo, surgieron fallos graves: atascos internos, quemadura de toberas y falta de estabilidad térmica. Tras cuatro intentos fallidos entre octubre y enero, Arcelor decidió en febrero apagarlo por completo.
¿Qué hizo Arcelor para recuperarlo?
La empresa realizó un vaciado total del material solidificado, una operación compleja y de alto riesgo. Luego abrió el horno para inspección directa —una decisión que inicialmente rechazó—. Las reparaciones posteriores superaron las expectativas, permitiendo adelantar el arranque en casi un mes.
¿Cómo afecta el arranque a la oferta nacional de acero?
El horno alto ‘B’ representa una parte clave de la capacidad productiva de Arcelor en España. Su reactivación evita una dependencia mayor de importaciones en un contexto de restricciones arancelarias crecientes.
La producción de arrabio —materia prima esencial para el acero— se reanudará en verano, justo cuando la demanda europea se espera que suba. Esto fortalece la posición de la planta gijonesa frente a competidores extracomunitarios.
¿Qué papel juega la demanda estacional?
El verano suele impulsar la construcción y la industria automotriz. Además, el 1 de julio de 2026 entra en vigor el nuevo régimen de salvaguardia siderúrgica de la UE. Este limita los contingentes de importación libres de aranceles y duplica los derechos aplicables.
¿Qué cambios legales y económicos acompañan este arranque?
El reinicio del horno alto ‘B’ no ocurre en vacío regulatorio. Coincide con tres medidas clave:
- Entrada en vigor del régimen de salvaguardia siderúrgica de la UE.
- Aplicación plena del CBAM (Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono).
- Obligatoriedad de trazabilidad geográfica para todas las importaciones de acero.
Estas normas elevan los costos para los competidores extranjeros, especialmente los que no cumplen con estándares de emisiones o transparencia productiva.
¿Cuál es el impacto económico real?
Arcelor emplea directamente a más de 2.300 personas en Asturias. Cada punto porcentual de aumento en la producción nacional de acero genera, según estimaciones del Instituto de Estudios Económicos del Sector Siderúrgico, un efecto multiplicador de 2,4 en el PIB regional.
Además, la reactivación reduce la presión sobre los precios del acero en el mercado nacional, donde los costos subieron un 18 % desde finales de 2025 por la escasez de oferta interna.
¿Qué datos clave debes conocer sobre este arranque?
- El horno alto ‘B’ llevaba 8 meses inactivo, desde septiembre de 2025.
- Se realizaron 4 intentos fallidos de reactivación antes del apagado definitivo en febrero de 2026.
- La reparación incluyó vaciado total y revisión física, una operación inusual por su complejidad.
- El arranque se adelantó de junio a 11 de mayo de 2026, gracias a resultados superiores a lo previsto.
- El CBAM y la salvaguardia siderúrgica entran en vigor el 1 de julio de 2026, creando un entorno favorable para la producción local.
¿Qué implica esto para la transición energética del sector?
El horno alto ‘B’ opera con coque y carbón, pero su reactivación no contradice los objetivos climáticos. Arcelor ha vinculado su plan de modernización a la inversión en hidrógeno verde y horno eléctrico de arco para 2030. Mientras tanto, el horno ‘B’ sirve como puente productivo mientras se desarrollan tecnologías bajas en carbono.
La planta de Gijón ya ha reducido sus emisiones un 22 % desde 2021, gracias a mejoras en eficiencia térmica y captura de calor residual. El arranque actual se ejecuta bajo estrictos protocolos de monitoreo de emisiones de CO₂ y consumo energético.
