Selena Carbonero, secretaria general de la Federación General del Trabajo de Bélgica (FGTB), representa un cambio de paradigma en el sindicalismo europeo. Con raíces asturianas y formación política en el Club García Lorca de Bélgica, su liderazgo combina memoria histórica, exigencia social y visión estratégica. Critica abiertamente la falta de voluntad política para impulsar una transición industrial y ecológica soberana. Su postura frente a empresas como ArcelorMittal marca un nuevo estándar de responsabilidad corporativa en la UE.
¿Por qué el liderazgo de Selena Carbonero redefine el sindicalismo europeo?
Carbonero no es una figura emergente: lleva años en la ejecutiva federal de la FGTB. Su elección como secretaria general en junio de 2026 respondió a una necesidad de renovación y equidad. La FGTB mantiene un modelo de doble liderazgo (presidente/a y secretario/a general), garantizando paridad de género desde la cúpula. Su ascenso refleja una apuesta por la continuidad con transformación: hereda una tradición de lucha, pero la actualiza con enfoques antirracistas, ecologistas y feministas.
El peso de la memoria obrera asturiana
Sus abuelos le contaban sobre las huelgas de Turón en los años 60. Esas historias no son anécdotas: son el sustrato ético de su práctica sindical. La defensa de los trabajadores, para ella, no es negociación técnica. Es reparación histórica, justicia intergeneracional y resistencia al extractivismo corporativo.
¿Qué exige Carbonero a los gobiernos europeos en materia industrial?
Carbonero denuncia que Europa actúa como seguidora, no como líder. Mientras Estados Unidos impulsa su Inflation Reduction Act, la UE sigue sin un marco fiscal y regulatorio que obligue a la reinversión industrial sostenible. Su crítica a ArcelorMittal no es personal: es sistémica. Exige que los cheques en blanco a grandes empresas se sustituyan por condicionalidades claras: empleo estable, transición justa y descarbonización verificable.
La transición industrial no es técnica: es política
La FGTB exige que los fondos del Mecanismo de Transición Justa no financien despidos encubiertos ni externalización de emisiones. Exige auditorías sociales obligatorias antes de cualquier subvención estatal. Esto no es radicalismo: es cumplimiento del Acuerdo Verde Europeo, que sigue sin aplicación vinculante.
¿Cómo impacta su postura en la economía real de Bélgica y la UE?
Bélgica alberga una de las mayores plantas siderúrgicas de Europa: la de Ghent, operada por ArcelorMittal. La FGTB ha bloqueado despidos masivos y negociado planes de reconversión con formación certificada en energías renovables. El costo de no actuar es alto: el 12 % del PIB belga depende de la industria pesada. Sin una transición justa, el riesgo es doble: pérdida de empleo cualificado y fuga de inversión verde hacia EE.UU. o China.
El marco legal está, pero no se aplica
La Directiva de Debida Diligencia Corporativa (CSDDD), aprobada en 2024, obliga a empresas como ArcelorMittal a evaluar impactos sociales y ambientales. Sin embargo, su implementación varía por Estado miembro. Bélgica aún no ha transpuesto la norma con sanciones efectivas. Carbonero exige que la responsabilidad extendida del productor se aplique también a los accionistas y directivos.
¿Qué implica su crítica a los “cheques en blanco” para la política industrial española?
España destina más de 4.200 millones de euros del Fondo de Transición Justa a zonas mineras y siderúrgicas. Pero el 68 % de esos fondos se canaliza mediante subvenciones no condicionadas. Carbonero advierte: sin cláusulas de empleo estable, formación dual y reducción de huella hídrica, esos fondos alimentan la precariedad, no la resiliencia.
Datos Clave
- La FGTB representa a más de 1,2 millones de trabajadores en Bélgica.
- El 73 % de los acuerdos colectivos en Bélgica incluyen cláusulas de transición justa desde 2025.
- ArcelorMittal recibió 217 millones de euros en ayudas estatales belgas entre 2020 y 2025, sin obligación de informar sobre despidos o emisiones.
- La tasa de desempleo juvenil en las zonas siderúrgicas belgas es del 28,4 %, frente al 12,1 % nacional.
- El Acuerdo Verde Europeo prevé que el 37 % de los fondos de recuperación se destinen a transición ecológica: solo el 19 % se ha ejecutado con criterios sociales verificables.
El liderazgo de Carbonero no es una excepción: es un espejo. Muestra que la defensa de los trabajadores ya no se mide solo en salarios, sino en soberanía tecnológica, justicia climática y control democrático sobre la inversión pública. Su voz no suena solo en Lieja o Gijón: resuena en Bruselas, Madrid y Berlín. Porque una transición industrial sin sindicatos fuertes no es justa. Y sin justicia, no es sostenible.
