Gaza enfrenta una plaga de ratas sin precedentes, con más de 17.000 mordeduras reportadas desde enero de 2026. Los campamentos desplazados, los escombros, la acumulación de basura y las aguas residuales sin tratar han creado un ecosistema ideal para la proliferación de roedores. Niños sufren lesiones graves, incluyendo mordeduras en dedos y nariz. La infraestructura de saneamiento está prácticamente destruida.
¿Por qué Gaza se ha convertido en un foco de infestación de roedores?
La destrucción sistemática del sistema de alcantarillado ha sido clave. El 85% de las estaciones de bombeo de aguas residuales están fuera de servicio. Ninguna depuradora opera. Esto ha convertido los campamentos en zonas de estancamiento constante de líquidos contaminados.
Los roedores encuentran refugio en los escombros de edificios colapsados. Allí construyen madrigueras cerca de fuentes de alimento y humedad. La falta de recolección de basura agrava el problema: 2,3 millones de habitantes generan residuos que no se retiran de forma regular.
¿Qué medidas se están tomando para contener la plaga?
Israel ha enviado 20 toneladas de pesticidas y cientos de cajas de veneno. Estos productos se distribuyen en zonas estratégicas: alrededores de tiendas de campaña, túneles de escombros y cauces de aguas residuales. Sin embargo, su aplicación carece de supervisión técnica y no aborda las causas estructurales.
Organizaciones humanitarias locales reportan escasez de equipos de protección para los equipos de fumigación. Además, los venenos no están adaptados a zonas densamente pobladas. El riesgo de intoxicación accidental en niños es alto.
¿Cuál es el impacto económico y sanitario real?
La plaga ha elevado los costos médicos en un 40% en clínicas móviles. Las infecciones por Leptospira y Streptobacillus moniliformis se han triplicado. Los hospitales carecen de antibióticos de amplio espectro y de kits para sutura de heridas profundas.
El colapso del saneamiento también afecta la economía local. La pesca ha caído un 90% por la contaminación costera. Los cultivos cercanos a zonas inundadas presentan niveles peligrosos de E. coli. No hay inversión extranjera en agricultura ni en turismo costero.
¿Qué marco legal regula la respuesta humanitaria en este contexto?
La Convención de Ginebra exige que las partes en conflicto garanticen el acceso a servicios básicos. La ONU ha denunciado que las restricciones israelíes a la entrada de equipos de saneamiento violan el derecho internacional humanitario. La Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA) carece de fondos para instalar sistemas de filtración portátiles.
El Acuerdo de Oslo no contempla la responsabilidad en la reconstrucción de infraestructura crítica durante hostilidades prolongadas. Esto deja un vacío legal que impide sanciones efectivas.
Datos Clave
- Más de 17.000 mordeduras por ratas reportadas desde enero de 2026.
- El 85% de las estaciones de bombeo de aguas residuales están destruidas.
- Ninguna depuradora opera en la Franja de Gaza.
- 20 toneladas de pesticidas enviadas por Israel en mayo de 2026.
- El 90% de la actividad pesquera ha cesado por contaminación costera.
La crisis no es solo biológica: es una falla sistémica de gobernanza, acceso humanitario y cumplimiento del derecho internacional humanitario. Sin reconstrucción del sistema de saneamiento, ninguna fumigación logrará contener la plaga a largo plazo. La salud pública en Gaza depende de infraestructura, no de veneno.
