Josefina Molina murió a los 89 años en Madrid. Fue la primera mujer graduada en dirección en la Escuela Oficial de Cine (1969). Su legado incluye películas clave como Esquilache y Función de noche, series emblemáticas como Teresa de Jesús, y adaptaciones literarias de Miguel Delibes y Blasco Ibáñez. Recibió el Goya de Honor (2012) y el Premio Nacional de Cinematografía (2019). Su muerte marca el fin de una era de ruptura en la industria audiovisual española.
¿Por qué Josefina Molina es una figura clave en la historia del cine español?
Molina rompió techos de cristal en una industria dominada por hombres. En los años 60 y 70, acceder a la dirección era casi imposible para las mujeres. Ella no solo entró: dirigió 38 obras, desde largometrajes hasta series televisivas de alta exigencia técnica y narrativa.
Su formación en la Escuela Oficial de Cine fue un acto de resistencia. No hubo precedentes femeninos. Su tesis final, La mujer en el cine español, anticipó décadas de debates sobre representación.
Trabajó con actores de talla nacional: Lola Herrera, Paco Rabal, Concha Velasco. Esa capacidad de liderazgo creativo reforzó su autoridad en un entorno hostil.
¿Cómo impactó su obra en la economía cultural española?
Las series que dirigió para TVE, como Teresa de Jesús, generaron altos índices de audiencia y exportación. Su adaptación de El camino impulsó ventas de libros y turismo literario en Castilla y León.
Según datos del Instituto de la Cinematografía (ICAA), las producciones dirigidas por mujeres entre 1975 y 1995 representaron menos del 4 % del presupuesto total del sector. Molina logró financiación pública y privada sin renunciar a su mirada crítica.
Su modelo de producción —basado en la fidelidad textual y la puesta en escena austera— redujo costos sin sacrificar calidad. Esto sentó precedentes para futuros creadores con bajos presupuestos.
¿Qué marco legal y profesional protegió su trayectoria?
Molina se formó bajo la Ley de Cinematografía de 1963, que priorizaba el control estatal sobre la producción. Su éxito se dio pese a la censura previa y a la ausencia de cuotas de género.
No existían leyes de igualdad en los años 70 y 80. Su reconocimiento llegó por mérito individual, no por políticas afirmativas. El Goya de Honor en 2012 fue el primer gran reconocimiento institucional a su labor como mujer directora.
En 2019, el Premio Nacional de Cinematografía se otorgó bajo la Ley de Igualdad de 2007. Esa distinción simbolizó un cambio de paradigma: ya no se premiaba solo su talento, sino su rol como referente de diversidad en la dirección.
Datos Clave
- Fue la primera mujer directora titulada en España (1969)
- Dirigió 38 obras entre cine, televisión y teatro
- Ganó el Goya de Honor (2012) y el Premio Nacional de Cinematografía (2019)
- Adaptó obras de Miguel Delibes, Blasco Ibáñez y Camilo José Cela
- Recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2005)
- Su película Esquilache fue candidata a dos Goya en 1989
¿Qué legado deja para las nuevas generaciones de cineastas?
Molina demostró que la autoría femenina no es una categoría aparte: es una voz con peso técnico, ético y estético. Su enfoque en la adaptación literaria rigurosa, su trabajo con actores no estrella y su rechazo al sensacionalismo marcaron una alternativa al cine comercial español.
Hoy, con la Ley de Igualdad en Medios Audiovisuales (2022) y los requisitos de diversidad en las ayudas del ICAA, su figura adquiere nueva relevancia. No fue una excepción: fue una ruta trazada.
Su muerte no cierra un capítulo. Lo abre. Las jóvenes directoras que hoy acceden a becas del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA) o participan en el Programa de Apoyo a la Creación Femenina lo hacen sobre cimientos que ella colocó, sola, hace más de cincuenta años.
