Mónica Mura llevó la zumba asturiana al corazón del Museo Thyssen-Bornemisza. Su performance Cuntzertu pro sonallas fusionó etnografía, sonido y crítica social. El acto no fue una mera exhibición: fue un acto de reivindicación cultural con raíces en Gijón y resonancia internacional.
¿Qué representa la zumba asturiana en la obra de Mónica Mura?
La zumba asturiana no es un objeto decorativo. Es un símbolo de resistencia femenina. Mónica Mura lo integra como voz de las mascaradas de invierno, rituales ancestrales en los que solo las mujeres podían participar. Su uso en el Thyssen no es casual: es una declaración sobre quién tiene derecho a ocupar el espacio cultural.
El techo de cristal como material sonoro
Las cuatro cuerdas de veinticinco metros no sostienen estructuras. Las tensa para generar vibración. Representan lo invisible: las barreras que persisten en el arte contemporáneo. Cada tensión es una metáfora auditiva de la desigualdad. El sonido no se escucha: se siente en el pecho.
¿Cómo conecta Gijón con el Museo Thyssen?
La residencia El Palacio, en Gijón, fue el laboratorio de esta obra. Allí, Mónica Mura realizó un estudio etnográfico riguroso. Recogió relatos, grabó sonidos, documentó gestos olvidados. Ese trabajo alimentó tanto la performance como un libro que preserva la memoria colectiva de Asturias.
El diálogo transmediterráneo
Los diecinueve cencerros no son todos asturianos. Incluyen el alambre original de Cerdeña, su tierra natal. Esa mezcla no es decorativa: es política. Construye puentes entre el Cantábrico, el Mediterráneo y el Atlántico. Un gesto que desafía fronteras culturales y geográficas.
¿Por qué esta performance marca un antes y un después en el arte sonoro español?
No se trata de ruido organizado. Es sonido con intención ética. Cada cencerro activa una capa de significado: género, territorio, memoria. La pieza dialogó físicamente con una obra de Lucio Fontana, cuya ruptura del lienzo se complementó con la ruptura acústica de Mura. No fue coincidencia: fue convergencia intencional.
La irrepetibilidad como principio ético
Mónica Mura no repite combinaciones. Cada performance es única e irrepetible. Esa decisión no es estética: es ética. Rechaza la mercantilización del arte vivo. Refuerza el valor del momento presente, del cuerpo en acción, de la tradición como práctica viva —no como reliquia.
¿Cuál es el impacto cultural y económico de este tipo de proyectos?
Proyectos como Cuntzertu pro sonallas tienen impacto tangible. La residencia El Palacio en Gijón impulsa el turismo cultural sostenible. El ciclo Visión y presencia del Thyssen atrae público joven y especializado, incrementando la recaudación por entradas y merchandising. Además, el libro derivado del estudio etnográfico entra en circuitos académicos y editoriales, generando derechos de autor y visibilidad para la cultura asturiana.
Datos Clave
- La performance se estrenó el 29 de abril de 2026 en el hall central del Museo Thyssen.
- Utilizó diecinueve cencerros, incluyendo el alambre original de Cerdeña.
- Las cuatro cuerdas de veinticinco metros simbolizan el techo de cristal.
- El estudio etnográfico se realizó durante la residencia El Palacio, en Gijón.
- La obra dialoga con el marco legal de la Ley de Patrimonio Cultural Inmaterial de España (2022), que protege prácticas como las mascaradas de invierno.
- El ciclo Visión y presencia forma parte del plan estratégico del Thyssen para impulsar la diversidad cultural y la representación de artistas no hegemónicos.
El arte de Mónica Mura no ilustra la tradición. La activa. La pone en tensión. La hace resonar donde menos se espera: en un museo de arte clásico y moderno. Esa resonancia no se desvanece con el eco. Se instala como pregunta: ¿quién decide qué suena, dónde y por qué?
