Laboral Centro de Arte en Gijón acoge desde abril hasta octubre de 2026 la exposición La sociedad automática, firmada por el artista asturiano Félix Luque. La muestra explora cómo la automatización ya no se limita a fábricas o procesos productivos, sino que penetra en la intimidad, las relaciones sociales y la percepción de la realidad. Con coproducción del centro belga iMAL, la propuesta une filosofía, ciencia ficción y tecnología para desafiar al espectador a cuestionar lo real frente a lo simulado.
¿Qué significa ‘La sociedad automática’ en el arte contemporáneo?
El título hace referencia al ensayo del filósofo francés Bernard Stiegler, quien analizó cómo la automatización transforma no solo el trabajo, sino la propia condición humana. Luque retoma esa idea para mostrar cómo los algoritmos y los sistemas autónomos reconfiguran la memoria colectiva, la atención y la autoría. No se trata de una crítica tecnófoba, sino de una intervención crítica que usa la tecnología como medio y como objeto de análisis.
¿Cómo utiliza la inteligencia artificial Félix Luque en su obra?
Luque no aplica la IA como herramienta neutra. La emplea como estrategia artística para recuperar el control creativo frente a su uso corporativo o ideológico. En obras como Perpétuité II, genera imágenes que borran la frontera entre lo fotografiado y lo sintético. Su enfoque cuestiona los derechos de autor en entornos de entrenamiento masivo de modelos con datos ajenos. También explora la sesgada construcción de la realidad por sistemas que aprenden de bases de datos históricamente desiguales.
El simulacro como eje narrativo
La exposición propone una experiencia sensorial donde el espectador duda de su percepción. Una fotografía digital puede ser real, pero también una imagen generada por IA. Un robot puede moverse con autonomía, pero su comportamiento está codificado. Luque no resuelve la duda: la instala. Esa ambigüedad es su método para desmontar la naturalización de lo tecnológico.
¿Cuál es el impacto económico y legal de esta reflexión artística?
El arte de Luque resuena en un contexto donde la automatización laboral avanza en sectores como logística, atención al cliente y diseño gráfico. Según datos del INE (2025), el 34 % de las pymes asturianas ya integran herramientas de IA generativa en sus flujos de trabajo. Sin embargo, no existe un marco legal específico en España que regule la autoría de obras creadas con modelos de lenguaje o visión artificial. La Directiva Europea sobre IA Artificial, en fase de implementación, clasifica estos usos como de bajo riesgo —lo que deja vacíos en derechos de explotación y atribución.
¿Por qué esta exposición es relevante en 2026?
En un año donde la IA generativa se ha masificado en entornos educativos, culturales y productivos, La sociedad automática ofrece una pausa crítica. No es una muestra sobre tecnología, sino sobre soberanía tecnológica: quién diseña, quién controla y quién se representa en los sistemas que moldean lo cotidiano. Su reaparición en Laboral —17 años después de Chapter I. The discovery— evidencia la persistencia de estas preguntas, ahora con mayor urgencia.
Datos Clave
- La exposición se exhibe en Laboral Centro de Arte (Gijón) desde abril hasta octubre de 2026.
- Es una coproducción entre Laboral y el centro de arte digital iMAL (Bruselas).
- Incluye instalaciones con robótica, fotografía digital y generación de imágenes con IA.
- Aborda el concepto de simulacro, inspirado en la teoría de Jean Baudrillard y actualizado por la era algorítmica.
- Cuestiona la ausencia de regulación sobre derechos de autor en IA en la legislación española actual.
- El artista utiliza la tecnología no como fin, sino como lente crítica sobre el poder y la representación.
El proyecto conecta con debates actuales sobre ética algorítmica, soberanía digital y la redefinición del trabajo creativo. En un escenario donde las plataformas tecnológicas concentran el control sobre los modelos de generación, la propuesta de Luque recupera el arte como espacio de experimentación ética y técnica. Su enfoque no es anti-tecnológico, sino pro-humanista: exige transparencia, acceso y capacidad de intervención ciudadana en los sistemas que nos configuran.
