La historia de Mónica Ortiz Miranda, quien a sus 23 años ha logrado convertirse en una de las juezas más jóvenes de España, es un testimonio inspirador de dedicación y esfuerzo. Su camino hacia la judicatura no solo destaca por su juventud, sino también por la rapidez con la que ha alcanzado su objetivo, superando la oposición a la Carrera Judicial y Fiscal en un tiempo récord de 18 meses. Este artículo explora su trayectoria, los desafíos que enfrentó y su visión sobre la justicia en el país.
### Un Comienzo Prometedor
Mónica Ortiz nació en Almería y desde muy joven mostró un interés por el Derecho. Sin embargo, su camino no fue sencillo. Durante su etapa escolar, se debatió entre dos profesiones muy distintas: Medicina y Derecho. A pesar de las dudas, la influencia de su madre, quien es abogada, y su deseo de ayudar a los demás la llevaron a elegir la judicatura. La decisión fue clara, pero el camino hacia su meta no estuvo exento de obstáculos.
La joven comenzó a prepararse para la oposición en junio del año anterior a su examen, justo después de finalizar su grado. En un entorno donde la media de preparación para este tipo de pruebas suele ser de cinco años, su dedicación y enfoque la llevaron a obtener su plaza en un tiempo sorprendentemente corto. Mónica recuerda el día de su examen final como un momento de gran tensión, esperando en el Tribunal Supremo la decisión del tribunal que determinaría su futuro.
La emoción fue indescriptible cuando recibió la noticia de su aprobación. «Estallamos de emoción», relata, describiendo el alivio que sintió al cumplir con las expectativas que había establecido para sí misma. Este logro no solo representa un hito personal, sino también un ejemplo de que con esfuerzo y dedicación se pueden alcanzar metas ambiciosas.
### La Clave del Éxito: Disciplina y Pasión
El método de estudio de Mónica fue riguroso y bien estructurado. Su rutina diaria comenzaba a las 7:30 de la mañana y se extendía hasta las 11:30, momento en el que hacía una pausa para montar a caballo, una de sus grandes pasiones. Esta actividad no solo le proporcionaba un respiro de su intensa preparación, sino que también le ayudaba a despejar la mente y volver al estudio con más energía.
«Montar a caballo era mi forma de desconectar. Intentaba no pensar en nada y así notaba al día siguiente que mi mente estaba más fresca», explica Mónica. Esta combinación de disciplina y momentos de esparcimiento fue fundamental para mantener su salud mental durante un proceso tan exigente.
Las tardes de Mónica se dividían entre el estudio y el gimnasio, aunque confiesa que, a medida que se acercaba la fecha del examen, tuvo que sacrificar parte de su vida social. «Mi cuerpo me pedía que el día libre lo aprovechara para descansar», admite, aunque aclara que este sacrificio fue voluntario y no le pesó demasiado. La autoexigencia, sin embargo, a veces se volvía abrumadora, y fue en esos momentos cuando su preparador, el magistrado Luis Miguel Columna, jugó un papel crucial, ayudándola a mantener la calma y la perspectiva.
El camino hacia su éxito no estuvo exento de dificultades. Mónica recuerda su primer examen oral como un desastre debido a los nervios. Sin embargo, aprendió de esa experiencia y se preparó mejor para el siguiente. «Los temas que menos quieres que te caigan, te van a caer», reflexiona, lo que le permitió reforzar sus puntos débiles y controlar su ansiedad a través de técnicas de respiración.
### Una Visión de Justicia
Con su plaza asegurada y a la espera de su paso por la Escuela Judicial, Mónica ya tiene una visión clara de su futuro. Aunque está dispuesta a moverse inicialmente, su objetivo es desarrollar su carrera profesional en Andalucía, su tierra natal. Se siente atraída por el Derecho Mercantil y prefiere la cercanía de los juzgados de instrucción, donde puede tener un contacto más directo con los casos, en lugar de las altas magistraturas del Supremo.
Mónica describe su enfoque hacia la justicia como una «justicia de trinchera», donde se busca un contacto más humano y directo con los problemas que enfrentan las personas. Esta perspectiva refleja su deseo de hacer una diferencia tangible en la vida de los ciudadanos, algo que considera esencial en su futura carrera como jueza.
A aquellos que están comenzando su camino en la judicatura, Mónica les lanza un mensaje de pragmatismo y esperanza: «Lanzaos a la piscina». Para ella, el esfuerzo tiene una recompensa vitalicia. «Una vez consigues plaza, ya eres juez para toda la vida y eso da una paz inmensa», concluye, reafirmando su compromiso con la justicia y su deseo de contribuir a un sistema más equitativo.
La historia de Mónica Ortiz Miranda es un claro ejemplo de que la dedicación, la pasión y el enfoque pueden llevar a logros extraordinarios. Su trayectoria no solo inspira a otros jóvenes a seguir sus sueños, sino que también resalta la importancia de la justicia en la sociedad actual. A medida que avanza en su carrera, el impacto que tendrá en el sistema judicial y en la vida de las personas será sin duda significativo.
