Asturianos no necesitaban navegar hasta el Caribe para ser corsarios. Desde el siglo XVII, muchos de ellos operaron en aguas gallegas. Su huella se encuentra en archivos de Vigo, A Coruña y Pontevedra. Estos marineros no eran aventureros aislados. Formaban parte de una red económica y social transcantábrica consolidada. Su actividad impactó en la pesca, el comercio y la defensa marítima regional.
¿Qué pruebas documentales confirman la presencia asturiana en Galicia?
José María Leal Bóveda ha trabajado en archivos gallegos durante años. Ha localizado registros de matrículas, licencias de armamento y contratos de fletamento. En ellos aparecen nombres como Candás, Luanco y Gijón como lugares de origen de capitanes y armadores. También hay testamentos redactados en rías gallegas por asturianos que fijaron residencia allí. Estos documentos demuestran una integración real, no circunstancial.
Archivos clave y metodología histórica
El historiador cruzó fuentes notariales, registros eclesiásticos y expedientes de la Real Hacienda. Usó técnicas de prosopografía para reconstruir redes familiares y socioprofesionales. Esto permitió identificar patrones de migración estacional y asentamiento permanente.
¿Cuál fue el papel económico de los asturianos en las rías gallegas?
La sardina fue el eje de la economía transregional. Las rías gallegas ofrecían bancos más abundantes que las asturianas. Los pescadores de Cudillero y Lastres acudían cada verano a rías como la de Arousa o la de Vigo. Allí no solo pescaban. También procesaban y salaban el producto para su comercialización en Asturias y Castilla.
El besugo y el cebo estratégico
La sardina no se consumía solo. Servía como cebo vivo para la pesca del besugo, especie de alto valor en mercados de Madrid y Valladolid. Esta cadena productiva generó empleo en astilleros, salinas y almacenes de exportación. Galicia suministraba vino Ribeiro, mientras Asturias aportaba carbón y hierro para la construcción naval.
¿Existieron corsarios asturianos en aguas gallegas?
Sí. No eran piratas, sino corsarios autorizados por la Corona. Entre 1700 y 1815, la Corona otorgó patentes de corso a asturianos con base en puertos gallegos. Estas licencias les permitían atacar embarcaciones enemigas durante conflictos como la Guerra de Sucesión o las guerras napoleónicas. Sus barcos operaban desde Vigo y Ferrol, no desde el Caribe.
Marco legal del corso en el siglo XVIII
El corso estaba regulado por la Ley de Presas de 1739. Exigía jurisdicción real, depósito de caución y reparto de botín bajo supervisión de jueces de presas. Los asturianos que obtuvieron patentes debían inscribirse en el Consulado de Comercio de Santiago de Compostela, no en el de Cádiz.
¿Qué impacto tuvo esta relación en la identidad regional?
La movilidad marítima generó intercambios culturales profundos. En pueblos como Muros o Cangas, aún se conservan topónimos asturianos y costumbres pesqueras compartidas. La lengua también se entrecruzó: términos como esquife, bajel o bodega tienen usos idénticos en ambos litorales. Esta convivencia no fue efímera. Duró más de dos siglos y sentó las bases de la cooperación pesquera actual en la Organización Común de Mercados (OCM) de la UE.
Datos Clave
- Más de 120 asturianos aparecen registrados como armadores en archivos de Vigo entre 1680 y 1820.
- El 65 % de los barcos que salaban sardina en la ría de Arousa entre 1750 y 1790 tenían patrones asturianos.
- El vino Ribeiro representó el 40 % de las importaciones asturianas entre 1720 y 1780.
- Las patentes de corso otorgadas a asturianos desde puertos gallegos superaron las 37 entre 1740 y 1808.
- La Real Hacienda cobró impuestos sobre el botín de corso en Galicia bajo la jurisdicción del Contador General de Galicia, no del de Asturias.
El vínculo Asturias-Galicia no fue marginal. Fue estructural. Su estudio revela cómo las economías costeras se articulaban antes de las fronteras administrativas modernas. Hoy, esta historia cobra relevancia ante los retos de la pesca sostenible, la cooperación interregional y la recuperación del patrimonio marítimo. Las políticas públicas actuales en materia de pesca y desarrollo rural deben considerar esta continuidad histórica. El corso, la salazón y el comercio marítimo no son reliquias. Son claves para entender la economía azul del norte de España.
