Raquel Pastor, psicóloga: «El bullying ha bajado a edades más tempranas. El índice más alto está en 3º de Primaria»

Un 9,4 % de los estudiantes de Primaria confiesa haber sido víctima de acoso escolar durante 2020 en más de dos ocasiones al mes. Así se desprende de una encuesta a 780 alumnos realizada por Macmillan Education. «El bullying antes se encontraba más localizado en Secundaria. Ahora estamos viendo que ha bajado a edades más tempranas. El índice más alto se está dando en tercero de Primaria», explica la psicóloga educativa Raquel Pastor, responsable del programa KiVa de esta editorial especializada en la enseñanza de inglés.

Tercero de Primaria es por tanto, según la percepción de los propios alumnos, el curso más castigado por este problema, con un 13% de chavales que lo ha sufrido alguna vez. Le siguen cuarto de Primaria, con un 11%, y segundo, con un 10%. En la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) sin embargo se registra un descenso hasta valores comprendidos entre el 2 y el 3%.

Para intentar erradicar este tipo de maltrato, los expertos coinciden en que la clave está en abordarlo desde diferentes ámbitos. Se trata de no poner el foco solo en la víctima y el agresor, sino de hacer partícipe de ello a toda la comunidad. «Alrededor hay una serie de espectadores que pueden tener diferentes actitudes pero que en definitiva pueden estar permitiendo que ese acoso se perpetúe en el tiempo. El acosador suele encontrar que su conducta se refuerza con lo cual quien realmente tiene fuerza para que cese en ella es el grupo. Si deja de permitirle esa conducta el acoso remite por lo que el grupo tiene que trabajar para pararlo», señala Pastor.

La psicóloga apunta que lo esencial es empezar por que los propios niños sepan qué es el bullying, algo que «no se ve fácilmente». Si es físico suele llamar la atención, pero el psicológico, el que mayor daño causa y más secuelas deja, tiende a estar invisibilizado y pueden pasar años hasta que llega a ser detectado.

Trabajar con los alumnos en esa línea es la base de KiVa, un método ideado en la universidad finlandesa de Turku en 2006 y que Macmillan Education empezó a desarrollar en España en 2017. Su objetivo es prevenir el acoso escolar educando y sensibilizando a los chavales, pero también a los padres y a los docentes. Consiste en que conozcan sus dinámicas y sus diferentes tipos -verbal, físico, ciberbullying…- y darles herramientas para detectarlo de manera temprana.

«Son clases en las que profesores previamente formados sobre el tema y sobre la implementación de una serie de lecciones trabajan con los estudiantes de manera integral. Se abordan cuestiones como la inteligencia emocional, la gestión de emociones, la comunicación asertiva, el respeto a los compañeros… Todo ello junto a una comunicación continua con las familias y el involucramiento de todo el colegio», explica la responsable del método en la editorial.

Junto a la prevención, el programa contempla una fase de intervención para abordar los casos de acoso que puedan darse. Encabezado por algún miembro del equipo directivo del centro, el denominado equipo KiVa intenta atajar los conflictos. Pero, ¿se atreven los estudiantes a denunciar? ¿Pueden hacerlo con privacidad? ¿O temen ser tildados de chivatos?

«Hay una norma: es obligatorio contárselo a un adulto. No podemos prometer que no se va a saber pero sí que a la víctima se le va a ofrecer todo el apoyo. Junto al equipo KiVa, cada profesor buscar a un grupo de alumnos, entre los que tengan más habilidades sociales, que acompañen al niño acosado hasta que acabe la situación. Tienen que diferenciar lo que es ser un chivato del hecho de contar algo beneficioso para un compañero porque le va a permitir salir de un estado de sufrimiento«, asegura Pastor. «Eso se trabaja muchísimo porque, efectivamente, les da mucho miedo que les tachen de chivatos», añade.

La experta reseña que el enfoque del proyecto no es punitivo y que tampoco se busca etiquetar ni juzgar a las personas, sino las actitudes. La finalidad es acabar con «la ley del silencio» que suele instaurarse en torno a circunstancias como estas. «No se logra de un día para otro», reconoce Pastor, pero agrega que «el índice de éxito es altísimo» y que en casi el 90% de las ocasiones el maltrato para. La finalidad es que los niños entiendan la fuerza que tienen como colectivo y la empleen en actitudes positivas. «Es un aprendizaje para la vida».

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Author: redaccion@20minutos.es (Araceli Guede)

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