Rafa Nadal VS Novak Djokovic, capítulo 58 de un partido que ya es leyenda

Las historias, con el paso de los años, pierden originalidad pero la esencia siempre queda a poco que se rasque. Aquel día de 2006, Toni Nadal irrumpió en la habitación donde se encontraba su sobrino: «Rafael, tenemos un problema, acabo de ver a un chico que es muy bueno». Tío Toni enmudeció ante las maneras de aquel joven serbio que se cruzaría por primera vez con ellos en cuartos de final de Roland Garros. Cuentan las crónicas que tampoco es que ese día le diera mucha guerra a Rafa, que sumaba ya dos sets a favor cuando una lesión aceleró las cosas: Novak Djokovic fue a la red, saludó a su rival y le dijo que ya no podía seguir.

Tres lustros después, la existencia de uno quedaría a medias sin el otro. Conforman junto a Roger Federer el triunvirato que ha gobernado el tenis mundial durante casi todo el siglo. Acaparan títulos y reparten frustraciones entre todos los veintañeros que sueñan con el golpe de Estado. Hoy día, el suizo se ha quedado atrás, por años, juego y lesiones, y se combate en cada Grand Slam por hollar una cima donde nadie pueda llegar: Roger lleva 20 grandes, Rafa otros 20 y Novak 18. Sería absurdo gastar líneas en explicar la trascendencia de las semifinales que Nadal y Djokovic disputarán hoy en la pista central de Roland Garros.

El partido número 58 de la mayor rivalidad en la historia del tenis (domina el serbio 29-28) llega con tanta incertidumbre como el resto. Imposible asegurar un desenlace. Quizás Nadal llegue un punto por encima de su rival, pues durante el torneo apenas ha sufrido en su partido ante Schwartzman, dejándose el único set, y su temporada en tierra ha sido mejor. Bueno, y esto es Roland Garros.

Djokovic, por contra, tuvo menos rodaje y se tambaleó ante Musetti, pero hablamos del número uno del mundo y el que mejor y más armas tiene para incomodar al mallorquín. Porque el Nadal-Federer es un canto a la lírica, pero el español juega con ventaja porque abusa de los pequeños defectos de Roger -esa bola que bota tanto al revés del suizo y que tanto le desquicia…- pero con Nole no hay fórmula mágica, y si bajas el listón, ay.

Pero aún conociéndose al dedillo, la estrategia mandará hoy sobre el polvo de arcilla. Rafa explotará sus virtudes, su derecha a dos velocidades -con efecto y modo cañón-, su dominio físico y su mayor fortaleza mental. Se trata de que Djokovic no piense, corra y no golpee con los pies plantados en el suelo. Desde allí, su revés a dos manos es un rifle de precisión. Decirlo es sencillo… lograrlo, otra historia.

En vísperas del gran choque, durante la madrugada del jueves, el discurso de Djokovic fue admirable: «Seamos realistas, este no va a ser un partido como el resto. Jugar contra Rafa en esta pista es un desafío enorme y todo es diferente, la tensión cuando él está en la pista, las expectativas… pero por eso nuestra rivalidad es histórica. Él ha sido el mayor rival que he tenido nunca«. Respeto sí, pero también un mensaje claro: «Claro que creo que puedo ganarlo».

Nadal, mientras, aguarda en calma el partido, pelín molesto porque llegue en semifinales y no en la ronda final, como casi todos querrían, pero el sorteo manda y ni uno ni otro deberán despistarse. Derrotar a Nadal o batir a Djokovic no asegura la Copa de los Mosqueteros, pues en el otro lado del cuadro comparecen dos aspirantes a la sucesión temibles: Tsitsipas contra Zverev. Griego y alemán son casi tan favoritos como los tiranos treintañeros.

Todo listo para otra página de la historia: capítulo 58.

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Author: redaccion@20minutos.es (Raúl Rodríguez Vega)

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