«Quedarse quieto es morirse de hambre»

Mercedes García

Llegaron las papas y la cuarentena a la misma vez. Meses esperando el ansiado alimento y éste aterrizó en las tarimas de los mercados el mismo día en que cerraron por el repunte de covid-19 el callejón Tamarindo. El dilema para los habitantes del barrio de Viento Negro, en la ciudad de Sancti Spíritus, era quedarse encerrado o burlar el cerco. No se lo pensaron dos veces.

Sancti Spíritus es la tercera provincia, luego de La Habana y Matanzas, que notificó una mayor cantidad de casos positivos este miércoles. La ciudad que era apacible hasta hace más de un año, donde parecía que no se movía ni una hoja sin supervisión de las autoridades, ha comenzado a tener «revoltura interna, mal de tripas», al decir de Genaro, un jubilado residente en el reparto Kilo 12.

«Hay muchos recovecos que solo conoce el que es de aquí. Desde mi casa tengo acceso a tres cuadras, porque esta es una ciudad de casas muy viejas, como en el siglo diecinueve», explica a 14ymedio Genaro. «Nos cerraron por abajo pero nos movemos por arriba, no lo hacemos por llevarle la contraria a la policía sino porque quedarse quieto es morirse de hambre».

[[QUOTE:»Llegaron y acordonaron las esquinas pero ya sabíamos que iba a ser así, por lo que cada uno se había trazado su plan de escapada», añade Yantiel]]»Me fui por las azoteas y conozco a mucha gente que hizo lo mismo», cuenta a este diario Yantiel, residente en una de las tantas manzanas cerradas para evitar los contagios en una provincia que este martes sumó 92 casos positivos por covid-19, en medio de un preocupante repunte de los contagios en la Isla.

«Llegaron y acordonaron las esquinas pero ya sabíamos que iba a ser así, por lo que cada uno se había trazado su plan de escapada», añade Yantiel. «Para mi es fácil porque mi casa tiene techo de placa y de la azotea salto y ya estoy en otra cuadra donde no hay esta cerrazón, pero los que viven en casas de cubierta ligera no la tienen tan fácil».

Tres zancadas por los techos separan a Yantiel de la tarima con las papas, un tubérculo que solo se vende en la Isla en esta temporada y que, además, está racionado a pocas libras por persona. «Mi padre tiene un cáncer bastante avanzado y lo que me pida se lo doy. Me dijo que estaba antojado de papas fritas así que tuve que trepar por las azoteas».

Cuando llegó ante la tarima, el vendedor estatal nunca cuestionó a Yantiel el porqué estaba ahí si su cuadra se encontraba cerrada. Todos saben que la gente puede caer del techo en cualquier momento. También bajo confinamiento estricto se halla actualmente la calle de La Paz en el reparto Kilo 12 que está en su totalidad en cuarentena, pero hay zonas más cerradas en las que ni siquiera se puede transitar a pie internamente.

El hotel del Partido Comunista, siempre privilegiado en suministro, y la casa de la primera secretaria del Partido, Deivy Pérez Martín, se ubican en la calle Tamarindo. Los vecinos alrededor de estas instalaciones oficiales se sienten algo privilegiados pero sin cantar victoria.

«Nos vendieron un refresco de limón que no hay quién se lo tome, aunque al menos sirve para cocinar en sustitución del vinagre», detalla una ama de casa que desde la ventana de su cocina ve el trasiego en «el hotelito del Partido», como lo llaman en la zona. «Nos traen mejores productos que a otras partes de la ciudad pero el olor que sale de la cocina del hotel no se parece a nada de lo que nos venden».

[[QUOTE:»Nos están tratando un poco mejor, porque la semana pasada en la calle de La Paz, que solo tiene una salida, apedrearon a un policía. El hambre de la gente llegó a un punto que le cayeron a pedradas para poder salir a comprar»]]Las diferencias en el suministro en varias zonas de Sancti Spíritus pueden tener diferentes orígenes.

«Nos están tratando un poco mejor, porque la semana pasada en la calle de La Paz, que solo tiene una salida, apedrearon a un policía. El hambre de la gente llegó a un punto que le cayeron a pedradas para poder salir a comprar», cuenta Minerva, vecina del lugar.

«No era una revuelta, solo que le tiraron las piedras para que se fuera y la gente salió como loca con la jaba en la mano», explica a este diario. «Después llegó la policía y tomó esto como si hubiera habido una protesta popular pero en realidad solo había sido algo para que el agente se alejara, para que nos dejara salir».

No obstante, el descontento popular toma formas políticas también en una de las ciudades con menos conflictividad social de toda la Isla.

«Han aparecido varios carteles de Patria y Vida, de manera que mucha gente no sabe si nos están encerrando por coronavirus o porque la cosa está muy caliente», explica un jubilado que vive a pocos metros del hotel del Partido Comunista. «Mi sobrino me trae la comida por el tejado. Es joven y se arriesga. Si no fuera por él esta sería mi tumba en vida».

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