Pablo Odén y el valor del ejemplo

MATANZAS.— De estatura baja, pelo canoso, rápido caminar y cultura inigualable. Un pastor jubilado de la Iglesia Episcopal y cubano por sus cuatro costados. Así recordaremos al Reverendo Pablo Odén Marichal Rodríguez.

Desde horas tempranas apreciamos consternación en el pueblo matancero, y en toda Cuba, por el deceso de este hombre, con quien se podía conversar de los más inusitados temas: sabía de política, de actualidad internacional, de las complejidades de nuestra realidad y era un consumado crítico del bloqueo estadounidense.

A pesar de las ocupaciones que limitaban su tiempo, nunca se negó a atender a la prensa, incluso, en su propio hogar. Con este máster en Teología conversé muchas veces sobre Martí y Fidel, sobre la batalla por el regreso de Elián y sobre el Poder Popular, del cual era diputado por el municipio de Colón.

En 2013, siendo coordinador de la Plataforma Pastoral Cubana, junto al Seminario Evangélico de Teología de Matanzas desarrolló una jornada de solidaridad con los Cinco, para abogar por la reunificación del hogar de estos luchadores antiterroristas y por el fortalecimiento de la unidad de la familia cubana.

En la Capilla de la Resurrección del Seminario, del cual era profesor, declaró entonces que la unidad holística que el ecumenismo religioso aún no había alcanzado en ninguna parte del mundo, la lograron en Cuba los Cinco, y a partir de su ejemplo nadie tendría justificaciones, basadas en diferencias doctrinales o de otra índole, para introducir o alimentar divisiones dentro del pueblo.

La última vez que hablamos fue en su casa, en la barriada de Peñas Altas, a pocos metros de la bahía, cuando accedió a ofrecer sus consideraciones para este diario sobre los valores en la juventud cubana. Se motivó enseguida y ofreció profundos análisis desde su óptica de religioso, destacando en particular que la Revolución había hecho surgir nuevos valores que nos llevan adelante, como la solidaridad, porque en una sociedad capitalista el individualismo se impone.

Más allá de tendencias criticables, el reverendo proponía buscar los valores «en todas aquellas cosas que defienden la vida», y más que rescatar, descubrir «aquellas cosas nuevas que no las vemos como valores y que son los de ahora», pues esos bienes morales cambian «porque son de la gente, de los pueblos y las sociedades», y es preciso enriquecerlos en lugar de reducirlos a determinados ámbitos.

«Los valores van más allá de la educación, y los nuevos valores son rebeldes», estimó desde la sabiduría de sus años y conocimientos, y hasta el final de su útil vida apeló a esas virtudes humanas con la misma lealtad y vigor que destinó a defender las causas más nobles de su país y del mundo.

Odén es saludado por Fidel durante un encuentro por el aniversario 57 de los asaltos a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel Céspedes, en el Memorial José Martí. Foto: Estudios Revolución

Fiel a su pueblo

«Pablo Odén fue una persona fiel a aquellas cosas en las que creyó, fiel a Dios, a su pueblo, fiel a la Revolución que él quiso y por la cual también estaba dispuesto a darlo todo. Por eso, digo que su cualidad más relevante fue la fidelidad.

«Fue un maestro, un pastor y un patriota, amigo, compañero, un hombre siempre dispuesto a servir, que nunca tuvo miedo a ninguna situación, a ningún escenario difícil, a plantear su verdad y sus convicciones, siempre con firmeza, respeto y dominio del tema. Entendió muy bien cuál era su misión como parte de este pueblo, que tanto le ama y le quiere…

«Fue un hombre con muchos conocimientos, que influyó en los diálogos entre la iglesia y el Estado, entre marxistas y
cristianos revolucionarios; en los diálogos con Fidel, y en todas las transformaciones que se desarrollaron en Cuba a partir de los años 1990 para la amplitud de la libertad religiosa y de la participación social de los creyentes. Fue un patriota que amaba a Cuba». (Reverendo Joel Ortega Dopico, secretario ejecutivo del Consejo de Iglesias de Cuba )

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Author: Hugo García

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