Matar a tus hijos para hacer daño a la madre: ¿Qué es la violencia vicaria? ¿Cómo se manifiesta? ¿Está legislada?

El desolador hallazgo en el mar del cuerpo de una de las niñas de Tenerife ha devuelto la desaparición de las menores a lo que siempre fue: un crimen de violencia machista y, más concretamente, de violencia vicaria. ¿Qué significa la expresión violencia vicaria? ¿Qué características particulares tiene? ¿Está contemplada en el Código Penal?

La violencia vicaria está descrita como una forma de agresión física o psicológica por la que una persona ataca a otra con el objetivo de causar dolor a un tercero. En el caso de la violencia machista, es como hay que nombrar todo dolor infligido por los padres a los hijos con el fin último de hacer daño a las madres.

La psicóloga Sonia Vaccaro fue de las primeras en emplear este el término tras descubrir que la violencia contra las mujeres se desplaza en ocasiones a todo aquello (o aquellos) a lo que la mujer está apegada o siente cariño. Vaccaro defiende que se usa a los hijos porque «judicialmente un individuo sabe que no tiene derechos sobre su esposa/pareja, pero sí sabe que conserva (y conservará hasta la mayoría de edad) poder y derechos sobre las hijas y los hijos. Por lo mismo, los transforma en objetos para continuar el maltrato y la violencia».

La violencia vicaria puede manifestarse en diferentes grados, desde la instrumentalización de los menores hasta el parricidio, como los asesinatos de Moaña, de Oza, el de José Bretón y, ahora, previsiblemente, el de las pequeñas Anna y Olivia.

Formas de violencia vicaria son, también, amenazar con quitar a los hijos ante un divorcio, impedir a los niños comunicarse con la progenitora, descuidarlos en su manutención o instrumentalizarlos para que se tornen agresivos.

Desde 2013, fecha en la que se les comenzó a incluir en la estadística de los crímenes machistas oficial, al menos 39 niños y niñas han sido asesinados, sin contar a las niñas Anna y Olivia. En la mayoría de las ocasiones estos crímenes han ocurrido mientras el menor estaba con su padre durante el régimen de visitas. El asesinato acabó con la vida de los niños y causó un daño inenarrable a sus madres. Sin embargo, la violencia vicaria aún no figura en el Código Penal.

El Defensor del Pueblo, Francisco Marugán, lleva años alertando contra la violencia vicaria que sufren los hijos de las mujeres maltratadas y reclamando refuerzos de los mecanismos con los que ya cuenta nuestro ordenamiento jurídico para una mejor protección de los niños y niñas. Marugán celebraba hace unos meses que se hubiera tenido en cuenta la violencia vicaria en la redacción de la nueva Ley de protección de la infancia.

La ley, que entra en vigor el 24 de junio, estipula que ahora el juez suspenderá el régimen de visitas cuando se dicte una orden de protección por violencia de género y haya indicios de que los hijos han presenciado o sufrido maltrato.

No obstante, el Defensor ha recordado que es imprescindible que los jueces y fiscales extremen el cuidado sobre el incremento del riesgo al que se somete a los hijos e hijas de las mujeres víctimas de violencia de género durante los procesos de divorcio, adoptando cualquier disposición que sea necesaria para apartarles de un peligro o evitarles perjuicios.

El Defensor lleva años reclamando un doble enfoque, de género e infancia, para luchar contra la violencia machista y ha aseverado en numerosas ocasiones que “un maltratador nunca puede ser un buen padre”.

Por su parte, la directora general de infancia del Gobierno, Violeta Assiego, recuerda que los hijos e hijas de mujeres maltratadas son desde 2015 víctimas de violencia de género reconocidas y cree que la nueva ley de infancia pone también el énfasis en su protección. «Sobre todo en el derecho de los niños a ser escuchados, algo que no está siendo del todo clave o integral en los procesos judiciales». Para Assiego, el problema es «la aplicación de las poquitas normas que hay, que ordenen a los equipos hacer su trabajo con pautas claras y lejos de interpretaciones con sesgos machistas».

Además de la prevención en los menores, lo que también falla es la protección a posteriori de las madres después de que les matan a sus hijos, que ellas no son consideradas víctimas porque el daño se hizo a terceros.

En 2016, en Moaña, Galicia, el padre de Candela y Amaia, de 9 y 14 años, mató a sus hijas con una sierra eléctrica y un cuchillo. Fue condenado a prisión permanente revisable. Tan solo un año después, en la cercana Oza, otro padre asesinó con una pala a su hijo de 11 años.

En 2021, el Parlamento gallego ha aparcado brevemente sus diferencias para admitir a trámite una proposición de ley del BNG que hará de la normativa gallega la primera en reconocer en una ley propia la violencia vicaria, para que a las madres de estos menores se les brinde la cobertura y apoyo necesarios.

Como antecedente, Andalucía, en 2018, amplió el reconocimiento de víctima de violencia de género a las mujeres que padecen la violencia vicaria por haber sido asesinados sus hijos y/o hijas con motivo de causarles daño y sufrimiento. Y el pacto de Estado menciona la violencia vicaria, pero no desarrolla su prevención.

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Author: redaccion@20minutos.es (Amaya Larrañeta)

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