Luis Linares Zapata: Complicidades, ilícitos y traiciones

Desde que Carlos Salinas dio los primeros pasos para permitir empresas eléctricas privadas, hasta que se consumó la reforma de Peña Nieto, la intención fue una y la misma. Pretendieron ceder la orientación, operación y control de la energía al mercado y quitársela al Estado. Y lo estaban logrando con creces. Durante ese lapso, la CFE se achicaba aceleradamente y con seguro destino a la marginalidad. En medio de ello se planchaban, a discreción, los intereses de los mexicanos. Esos políticos mandones, y sus correligionarios que participaron en este trasiego, llevaron, qué duda, su parte en el negocio. No lo hicieron, ciertamente, gratis. Unos por su ideología y otros por francas complicidades entraron con alegría en la subasta de esta industria de vital importancia y consecuencias. El mercado, para ellos es un mantra económico a seguir, rayano en lo religioso. Por lo demás, tal mercado es el terreno donde florecen prebendas asequibles. Para los agentes privados –alias los inversionistas– ese referente es el campo que también permite amasar fortunas. En cuanto a la energía, para el actual gobierno, por el contrario, se aprecia como un campo indispensable para el desarrollo y para igualar condiciones de vida.
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