La tarta de queso vasca ha alcanzado una popularidad mundial que ha llevado a muchos a considerarla un símbolo de la repostería del País Vasco. Sin embargo, esta percepción puede ser engañosa, ya que la receta que ha conquistado paladares en todo el mundo es, en realidad, una creación moderna. La historia de este postre comienza en el bar-restaurante La Viña, en San Sebastián, donde Santiago Rivera perfeccionó su receta a principios de los años 90. Este local, fundado en 1959 por los hermanos Rivera, se ha hecho famoso no solo por sus pintxos, sino también por su tarta de queso, que ha sido elogiada y replicada en numerosos lugares.
La tarta de queso vasca se caracteriza por su corteza dorada y un interior cremoso, resultado de una mezcla de ingredientes que incluye queso crema, nata, huevos y azúcar, con una pizca de harina. Aunque la receta tiene sus raíces en la tarta de queso neoyorkina, que incluye una base de galleta, la versión vasca se distingue por su simplicidad y su enfoque en la textura cremosa.
El origen de la tarta de queso neoyorkina se remonta a un restaurante de Broadway, donde Arnold Reuben, un hostelero de origen alemán, la creó hace más de un siglo. Esta tarta combina influencias alemanas y estadounidenses, utilizando queso crema, un producto que, a pesar de su nombre, no proviene de Filadelfia, sino de Chester, Nueva York. Esta mezcla de tradiciones culinarias ha dado lugar a una receta que ha evolucionado y se ha adaptado a diferentes contextos.
La tarta de queso vasca, aunque se ha popularizado como un postre típico de la región, no se encuentra en la mayoría de las pastelerías del País Vasco. De hecho, es más común encontrarla en restaurantes de Madrid que en su lugar de origen. Esto plantea la pregunta de si realmente puede considerarse un plato tradicional vasco. A pesar de que nació en San Sebastián, su falta de presencia en la repostería local y su carácter moderno sugieren que no cumple con los criterios de un postre autóctono.
La percepción de la tarta de queso vasca como un símbolo de la gastronomía del País Vasco puede ser el resultado de la influencia de las redes sociales y el turismo. La viralidad de este postre ha llevado a que muchos lo asocien con la identidad vasca, a pesar de que su creación es relativamente reciente y no se basa en ingredientes típicos de la región. Este fenómeno no es único; en otras ocasiones, platos que no son representativos de una cultura pueden convertirse en iconos gastronómicos a través de la repetición y la aceptación popular.
La tarta de queso de Santiago Rivera ha logrado un reconocimiento global que la distingue de otros postres españoles elaborados con queso, como los flaons de Baleares o la quesada cántabra. Sin embargo, es importante dar crédito a su creador y reconocer que, aunque la tarta de queso vasca ha encontrado su lugar en la cultura gastronómica, no debe ser confundida con una tradición culinaria arraigada en el País Vasco.
La historia de la tarta de queso vasca es un ejemplo de cómo la identidad culinaria puede ser moldeada por factores externos, como la percepción de los turistas y la influencia de las redes sociales. A medida que este postre continúa ganando popularidad, es probable que su estatus como símbolo de la gastronomía vasca se consolide, a pesar de que su origen y características no sean del todo representativos de la región.
En conclusión, la tarta de queso vasca es un producto de la creatividad y el ingenio de un cocinero que ha sabido captar la atención del mundo. Sin embargo, es fundamental distinguir entre la popularidad y la autenticidad cultural. La tarta de La Viña, como se le conoce, merece ser celebrada por su singularidad y su éxito, pero no debe ser etiquetada erróneamente como un postre tradicional vasco. Reconocer su historia y su creador es esencial para entender su lugar en la gastronomía contemporánea.