La educación superior tiene a su padre: José Trinidad Reyes

El Heraldo

TEGUCIGALPA, HONDURAS.

– “La sabiduría no solo distingue al hombre de las fieras, si no que le da superioridad y preferencia sobre sus semejantes”, dijo hace cerca de dos siglos el padre José Trinidad Reyes, y sus palabras vuelven a cobrar fuerza este día, en memoria de su natalicio.

Cada 11 de junio en Honduras se celebra el Día del Estudiante, fecha que hace honor al nacimiento de este prócer precursor y fundador de la primera casa pública de educación superior, la Sociedad del Genio Emprendedor y del Buen Gusto, que después se convertiría en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

Este 2021, con motivo del Bicentenario de Independencia, un texto dedicado a recordar sus aportes en materia de educación.

Pero, principalmente, pensado en resaltar el compromiso que sigue pendiente.

LEA: Honduras, bicentenario con visión de futuroTener acceso a una educación universitaria de calidad, sin costo, y bajo la responsabilidad que amerita, fue un deseo de Reyes.

Foto: Archivo/El Heraldo“Una de las grandes dificultades históricas que ha tenido Honduras, desde el período colonial y con el inicio de la construcción del Estado Nacional durante todo el siglo XIX, era precisamente cómo modernizar las condiciones de comercialización, culturales y sociales de las poblaciones, ampliamente marginadas durante el proceso de independencia”, introduce el historiador Edgar Israel Soriano.

El además docente de la Máxima Casa de Estudios explica que durante toda la construcción republicana esa marginación fue creciendo cada vez más.

En ese sentido, el papel de Trinidad Reyes y del grupo de jóvenes a los cuales él apoyó, era precisamente fundar la universidad y que esta se convirtiera en ese bastión que le diera forma y consistencia a la institucionalidad del Estado.

Según Soriano, con el avanzar del tiempo uno de los retos puntuales en la materia sigue siendo que la educación superior no ha podido llegar a amplias capas de la población hondureña, como Reyes hubiese querido.

“La mayoría no ha tenido acceso a ella, sobre todo los sectores subalternos, la gente pobre.

Entonces, el legado de Trinidad Reyes es la exigencia de poder constituir un sistema educativo superior, accesible a todos los estratos de la población, tanto en el área rural como urbana”, explica.

TAMBIÉN: Juan Ramón Martínez: Aprendamos lo que hemos hecho bien en estos 200 añosPara ello se necesita construir toda una infraestructura institucional de carácter social y cultural, con las condiciones socioeconómicas que la respalden.

La carencia de una política eficaz para ampliar la cobertura total de la educación universitaria es palpable.

“Después del régimen de Tiburcio Carías Andino, el país no ha podido despegar hacia un proceso de inclusión social que lo permita”, concluye.

José Trinidad Reyes descansa desde el 20 de septiembre de 1855 en la Iglesia San Miguel Arcángel de Tegucigalpa.

Sus esfuerzos y logros en el tema de educación siguen siendo motivo para recordarlo y honrarlo.

La importancia de generar apertura al conocimiento, como base de las libertades individuales y colectivas, debe replicarseVEA: Inicia conmemoración del Bicentenario de Independencia de HondurasOtros aportesReyes organizó la primera Biblioteca de Honduras, llamada Biblioteca de la Academia, e hizo funcionar la primera imprenta del país, también llamada Imprenta de la Academia.

Amparado en su gusto por la música, trajo el primer piano a la ciudad de Tegucigalpa.

BiografíaJosé Trinidad Reyes nació el 11 de junio de 1797 en la ciudad de San Miguel, Tegucigalpa.

Hijo legítimo de Felipe Santiago de Reyes —honrado profesor de música, quien le instruyó en lo básico de la materia— y de doña María Francisca Sevilla.

Fue bautizado el 14 de junio del mismo año, a los tres días de nacido, por el reverendo padre Fray Nicolás Hermosilla, y su madrina fue doña María Josefa Araurrenechea.

En su partida de bautismo se lee su nombre completo: Juan José Sahagún de la Santísima Trinidad.

En 1804 ingresó a una escuela privada de Tegucigalpa y comenzó a aprender la lectura y la doctrina de la fe católica.

En 1812, a la edad de quince años, aprendió la lengua latina gracias al fraile Juan Altamirano, del convento de Nuestra Señora de las Mercedes, también recibió clases de dibujo bajo la dirección de don Rafael U.

Martínez, pintor guatemalteco radicado en Honduras, así como enseñanzas en música.

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