El G-7 plantea estrechar la cooperación en vacunas, cambio climático y fiscalidad para salir de la pandemia

Los líderes de las siete naciones más ricas del planeta han llegado este viernes a la región costera británica de Cornualles —Joe Biden se adelantó, y aterrizó en el Reino Unido un día antes— con la sensación de que esta cumbre será más relevante y menos escaparate que encuentros anteriores del G-7. Es la primera vez que se verán de modo presencial en casi dos años, desde la reunión de agosto de 2019 en Biarritz. En ese intervalo, el mundo se ha visto sacudido por una pandemia que ha dejado a su paso casi cuatro millones de muertes. Los documentos preparatorios al encuentro manejan ya un término, el “consenso de Cornualles”, en contraposición al “consenso de Washington” que durante tres décadas dio barra libre a las multinacionales en un mundo globalizado mientras estrechaba la soga de la ortodoxia financiera a los países con más problemas.

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Cornualles no se libra de las protestas y críticas

La pequeña localidad de Carbis Bay, donde se celebra la cumbre del G-7, se ha convertido en un paraíso-fortaleza. Más de 5.500 policías desplazados desde todo el Reino Unido han creado un perímetro de seguridad infranqueable. Las fuerzas armadas, con personal, helicópteros y naves que vigilan desde la costa, se han sumado al esfuerzo. El Gobierno de Boris Johnson se ha esforzado en garantizar la seguridad del evento, pero no ha podido evitar esquivar las críticas o las protestas de un acontecimiento que pretendía ser el escaparate británico frente al resto del mundo. Centenares de manifestantes de la organización Extinction Rebellion, que ya provocó hace más de un año el caos en las calles de Londres, se han concentrado estos días en las playas cercanas para exigir mayor contundencia a los jefes de Estado y de Gobierno de las naciones más ricas en la lucha contra el cambio climático. “Sabemos ya que no podemos confiar en los líderes mundiales. Ya fracasaron en [la cumbre de] París. Forman parte de un sistema roto, pero la humanidad no está rota”, ha asegurado uno de los fundadores del movimiento, Gail Bradbrook, en la presentación de la protesta de Cornualles, bautizada con el lema Sound the Alarm (Haz Sonar la Alarma).
Las principales críticas a la cumbre proceden de aquellas organizaciones a las que el compromiso anunciado por el G-7 de distribuir la vacuna contra la covid-19 por todo el mundo les parece lento y escaso. La cumbre quiere establecer el compromiso de repartir mil millones de dosis entre los países más pobres, pero los plazos anunciados se extienden hasta finales del año 2022. La OMS estima que harán falta 11.000 millones de vacunas para inmunizar al 70% de la población mundial.
Johnson por ejemplo, ha anunciado ya que el Reino Unido aportará cien millones de dosis, pero la realidad es que la cantidad prevista para septiembre se reduce a cinco millones. “Esta cumbre será finalmente juzgada por su capacidad para imponer un plan financiero global de vacunación, mientras la pandemia sigue actuando”, ha dicho Kirsty McNeill, de la organización Save The Children. “Todavía no está claro si Johnson liderará al G-7 en este empeño o se limitará a ejercer de anfitrión”.
Miembros de Oxfam han protestado también, con máscaras de cada uno de los líderes de la cumbre, contra la falta de acuerdo para liberalizar las patentes de las vacunas. “Macron y Biden están de acuerdo en compartir la patente y permitir que la fabriquen países como Sudáfrica o India, mientras que Alemania, el Reino Unido y el resto del G-7 se han opuesto a esa medida”, ha denunciado el director de políticas de Oxfam, Max Lawson.

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Author: Rafa De Miguel

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