En los últimos años, el narcotráfico ha evolucionado de maneras sorprendentes, adoptando métodos cada vez más sofisticados para el transporte de drogas. Uno de los más recientes y preocupantes es el uso de los llamados ‘alijos parásito’, una técnica que ha captado la atención de las autoridades y que plantea nuevos desafíos en la lucha contra el tráfico de estupefacientes. Este artículo explora cómo funciona este método, su impacto en la seguridad marítima y las medidas que se están tomando para contrarrestarlo.
### La técnica de los ‘alijos parásito’
Los ‘alijos parásito’ consisten en la adhesión de paquetes de droga, principalmente cocaína, al casco de buques mercantes, específicamente en la parte sumergida, conocida como obra viva. Este método permite a los narcotraficantes ocultar la mercancía de manera que pase desapercibida durante los controles en los puertos. La técnica fue detectada por primera vez en España en 2005, cuando se interceptó un barco con 270 kilos de cocaína adheridos a su casco. Desde entonces, su uso ha crecido exponencialmente, impulsado por la necesidad de los traficantes de evadir la vigilancia policial.
El proceso de instalación de estos alijos es llevado a cabo por buzos experimentados que utilizan cilindros metálicos o paquetes impermeables para fijar la droga al casco. Estos buzos, que a menudo son profesionales del buceo industrial, se ven atraídos por los altos beneficios económicos que ofrece el narcotráfico. Se estima que pueden llegar a recibir hasta el 10% del valor de venta de la droga en Europa, lo que ha llevado a muchos a dejar sus trabajos legítimos para unirse a las filas del crimen organizado.
La dificultad para detectar estos alijos radica en que los narcotraficantes suelen elegir zonas de difícil acceso y visibilidad en el casco del barco, como los compartimentos de refrigeración o la tobera de la hélice. Esto complica aún más las inspecciones, ya que las autoridades no pueden realizar revisiones aleatorias sin interrumpir la actividad comercial en los puertos, lo que podría resultar en pérdidas económicas significativas.
### La respuesta de las autoridades y el uso de tecnología
Ante el aumento de los ‘alijos parásito’, las fuerzas de seguridad han intensificado sus esfuerzos para combatir este fenómeno. La colaboración internacional se ha vuelto crucial, especialmente con agencias como la DEA de Estados Unidos, que han compartido información sobre las rutas y métodos utilizados por los narcotraficantes. Las operaciones conjuntas han permitido desmantelar redes que operan en múltiples países, lo que ha resultado en la detención de varios buzos y la confiscación de grandes cantidades de droga.
Además, las autoridades han comenzado a implementar tecnología avanzada para mejorar la detección de estos alijos. En 2023, el Ministerio del Interior de España adquirió drones submarinos operados por control remoto, conocidos como ROV (Remotely Operated Vehicle). Estos drones son capaces de sumergirse hasta 100 metros de profundidad y están equipados con cámaras de alta definición, lo que les permite inspeccionar los cascos de los barcos de manera más eficiente y efectiva que los métodos tradicionales.
Los drones submarinos pueden operar en condiciones de poca visibilidad y tienen una autonomía de seis horas, lo que les permite realizar inspecciones exhaustivas sin la necesidad de movilizar a equipos de buzos, que solo se desplazan en casos de sospecha fundamentada. Esta innovación tecnológica representa un avance significativo en la lucha contra el narcotráfico marítimo, permitiendo a las autoridades tener «ojos bajo el agua» y detectar alijos que de otro modo pasarían desapercibidos.
El uso de estos drones también se ha visto complementado por el desarrollo de técnicas de buceo más seguras y efectivas. Los buzos que trabajan para las organizaciones criminales deben ser altamente capacitados, ya que se enfrentan a riesgos significativos, incluyendo la posibilidad de ahogarse o ser detectados por las autoridades. Sin embargo, la creciente demanda de estos servicios ha llevado a un aumento en la formación de buzos técnicos, lo que a su vez ha complicado aún más la labor de las fuerzas de seguridad.
La lucha contra los ‘alijos parásito’ es un reflejo de la constante evolución del narcotráfico y de cómo las organizaciones criminales se adaptan a las medidas de control implementadas por las autoridades. A medida que los métodos de tráfico se vuelven más sofisticados, también lo deben hacer las estrategias de detección y prevención. La colaboración internacional y el uso de tecnología avanzada son esenciales para enfrentar este desafío y garantizar la seguridad en las rutas marítimas.