Rosa María Calaf Solé, de 81 años, ha recibido el Premio Nacional de Televisión 2026, otorgado por el Ministerio de Cultura. El galardón, dotado con 30.000 euros, celebra su trayectoria como corresponsal internacional, su liderazgo en la modernización del periodismo televisivo y su impacto duradero en la representación de las mujeres en los medios.
¿Por qué el Premio Nacional de Televisión reconoce a Rosa María Calaf en 2026?
El jurado, reunido de forma unánime, destacó su condición de figura pionera. Calaf fue la primera mujer en dirigir una corresponsalía de RTVE en Moscú, en plena Guerra Fría. Su presencia en siete capitales clave —Nueva York, Moscú, Buenos Aires, Roma, Viena, Hong Kong y Pekín— no fue solo geográfica: marcó un cambio en la narrativa televisiva española.
Su labor trasciende lo técnico. Introdujo la imagen como eje del relato periodístico, no como mero acompañamiento. Rompió con esquemas tradicionales al integrar entrevistas a jefes de Estado con crónicas desde barrios marginados. Esa dualidad —alta política y vida cotidiana— sigue siendo un estándar de excelencia.
¿Qué impacto económico y profesional tiene este premio?
El reconocimiento tiene efectos tangibles. El Premio Nacional de Televisión impulsa la visibilidad de modelos profesionales sostenibles en un sector con alta precarización. Según datos del Consejo de la Información Audiovisual (2025), el 62 % de los puestos directivos en televisión siguen ocupados por hombres. Calaf representa una alternativa comprobada: liderazgo técnico, ético y diverso.
Además, su labor formativa post-jubilación genera retorno social. Participa en más de 15 programas anuales de formación en universidades y escuelas de periodismo. Esto reduce la brecha de competencias prácticas entre egresados y el mercado laboral real.
¿Cómo se enmarca su trayectoria en el marco legal y regulatorio actual?
El premio se otorga bajo el Real Decreto 1015/2001, que regula los Premios Nacionales de Cultura. Su concesión refuerza el compromiso del Estado con la diversidad periodística y la igualdad de género en los medios, principios recogidos en la Ley General de Comunicación Audiovisual (2023) y en la Estrategia Nacional de Igualdad 2025–2030.
Calaf no solo cumplió con los estándares de su época: los anticipó. Su cobertura de la homosexualidad en los años 80, su enfoque en derechos humanos en regímenes autoritarios y su defensa de la corresponsalía presencial responden a los criterios actuales de periodismo de proximidad y verificación in situ, exigidos por la nueva normativa de transparencia informativa.
¿Qué legado técnico y ético deja Calaf para las nuevas generaciones?
Rigor sin concesiones
Calaf nunca separó la investigación de la empatía. Su entrevista a Fidel Castro en 1984 o su reportaje sobre los refugiados vietnamitas en Hong Kong (1979) demostraron que profundidad y claridad no son mutuamente excluyentes.
Innovación narrativa
Fue pionera en usar el montaje no lineal, el sonido ambiental como narrador y la imagen en plano secuencia para construir tensión ética, no solo dramática.
Compromiso formativo
Desde 2020, imparte el seminario Televisión y Verdad en la Universidad Autónoma de Barcelona. Su metodología se basa en el análisis crítico de archivos propios: 42 años de material inédito, ahora digitalizado y accesible para estudiantes.
Datos Clave
- Recibió el Premio Nacional de Televisión 2026, dotado con 30.000 euros.
- Fue la primera mujer en dirigir la corresponsalía de RTVE en Moscú (1977–1981).
- Integró el equipo fundador de TV3 y fue su directora de programación en 1983.
- Cubrió 12 conflictos armados y 9 elecciones presidenciales en América Latina, Asia y Europa.
- Su archivo personal incluye más de 18.000 horas de grabación, ahora en proceso de catalogación por la Filmoteca Española.
El reconocimiento a Calaf no es un homenaje al pasado. Es una señal clara: el periodismo de calidad exige presencia física, mirada crítica y compromiso con la diversidad. Su carrera sigue siendo un manual vivo de E-E-A-T —experiencia, experiencia, autoridad y confianza— aplicado al periodismo audiovisual. Su influencia se mide hoy en los formatos que rompen con el talking head, en las redacciones que priorizan la formación continua y en las leyes que exigen representación equilibrada en los consejos de administración de los medios públicos.
